El pasado 24 de junio, Venezuela vivió una de las tragedias que nunca será olvidada, dos fatídicos terremotos de 7.1 y 7.5. La tierra crujió por tan solo un minuto, pero ese tiempo fue suficiente para cambiarle la vida a millones de personas.
La tristeza, la impotencia y el dolor de haber perdido a sus seres queridos aún se pueden ver en los ojos de esas personas que fueron testigos de esta tragedia.

Aunque para muchos esto fue el fin, hay familias que a pesar de todo siguen luchando por salir adelante, aunque en su alma lleven esa cicatriz que jamás se borrará, un sentimiento que a pesar del tiempo persistirá en lo más profundo de su ser.
Hoy se cumple ya un mes; un mes donde la resiliencia de un pueblo se ha mantenido. La unidad, el amor y la solidaridad han sido los pilares fundamentales de quienes aún se encuentran levantando escombros con la esperanza de conseguir a sus amigos y seres queridos.

Esta catástrofe no solo afectó a quienes vivían en las zonas donde la tierra se movió en toda su expresión, sino a quienes con valentía se levantaron para aportar ese granito de arena para ayudar, para abrazar desde la distancia a sus hermanos venezolanos.
Desde ese día, muchas vidas cambiaron. Hay quienes decidieron comenzar desde cero en otras regiones, pero hay quienes aún llevan su tierra en el corazón y tienen la esperanza de verla surgir desde el polvo y los escombros.
Hoy no se cumple un mes de un desastre, se cumple un mes de resistencia, de unidad y sobre todo de amor por nuestro país.
Periodista del estado Monagas.

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