Mientras Venezuela continúa contabilizando las pérdidas humanas y materiales dejadas por los terremotos del pasado 24 de junio, cientos de sobrevivientes enfrentan otra dura realidad: adaptarse a una nueva vida tras sufrir la amputación de una o más extremidades como consecuencia de las graves lesiones ocasionadas por el colapso de edificaciones.
Aunque la atención pública se ha concentrado en el número de fallecidos y en las labores de rescate, médicos y organizaciones que participan en la emergencia advierten que comienza ahora una etapa igual de compleja: la rehabilitación física, emocional y social de quienes lograron sobrevivir.
De acuerdo con estimaciones manejadas por los equipos médicos que atienden la emergencia, entre 100 y 200 personas habrían requerido amputaciones para salvar sus vidas, producto del denominado síndrome por aplastamiento, una de las lesiones más frecuentes tras grandes terremotos. Aproximadamente el 40 % de esos pacientes serían niños.
El atleta paralímpico venezolano Gabriel Cardier, quien perdió una extremidad años atrás y ha seguido de cerca la atención a los afectados, destacó que la cirugía representa apenas el inicio de un proceso que puede extenderse durante varios años.
Como amputado, sé que perder una extremidad es solo el comienzo de un largo proceso. Tener acceso a una prótesis, a terapia y a un apoyo emocional puede marcar la diferencia», expresó.
Entre los casos que más han conmovido al país figura el de Yuli, una niña de siete años que sobrevivió al derrumbe de su vivienda en La Guaira. Durante la tragedia perdió a sus padres y a tres de sus hermanos, mientras que las graves lesiones sufridas obligaron a los médicos a amputarle una pierna para salvarle la vida.
Ahora permanece bajo el cuidado de familiares y ha comenzado un proceso de rehabilitación apoyado por campañas solidarias que permitieron conseguir una silla de ruedas, muletas y recursos para futuras prótesis.
Otro de los rostros de la tragedia es Andrés Mieles, de 11 años, quien también perdió una pierna y a varios miembros de su familia durante los sismos. Su historia dio la vuelta al mundo después de que el futbolista Cristiano Ronaldo le enviara un mensaje de apoyo e invitara al niño a asistir a uno de sus partidos cuando concluya su recuperación.
La pequeña Lía León, también de siete años, permaneció atrapada durante 12 horas bajo los escombros antes de ser rescatada. Tras varias cirugías, los médicos debieron amputarle el brazo derecho debido a los daños irreversibles ocasionados por el aplastamiento.
Su historia conmovió especialmente por la pregunta que formuló al despertar en el hospital: «¿Mi bracito va a crecer otra vez?», reflejando el impacto emocional que enfrentan muchos de los menores sobrevivientes.
A estos testimonios se suma el de Camila Arellano, de 17 años, quien permaneció tres días atrapada bajo los restos del edificio donde vivía. La joven perdió a su madre y a su hermano mayor durante el colapso y posteriormente sufrió la amputación de una pierna.
Lejos de ocultar su experiencia, decidió compartir públicamente su proceso de recuperación para enviar un mensaje de esperanza a otros sobrevivientes. «Dios me dio la oportunidad de nacer nuevamente», afirmó.
Especialistas explican que muchas víctimas permanecieron durante horas bajo estructuras colapsadas, lo que produjo el denominado síndrome por aplastamiento. La prolongada compresión de brazos o piernas interrumpe el flujo sanguíneo y provoca la muerte de los tejidos.
Cuando el paciente finalmente es rescatado, las sustancias liberadas por los músculos lesionados pueden ocasionar insuficiencia renal, alteraciones cardíacas y fallas multiorgánicas que ponen en riesgo la vida, razón por la cual los médicos, en algunos casos, deben recurrir a la amputación para evitar complicaciones fatales.
Los niños constituyen uno de los grupos más vulnerables debido a la gravedad de las lesiones, fracturas múltiples y complicaciones renales derivadas del tiempo que permanecieron atrapados bajo los escombros.
Expertos en rehabilitación advierten que la recuperación de una persona amputada no concluye con la cirugía. El proceso requiere fisioterapia, terapia ocupacional, atención psicológica, adaptación a prótesis y acompañamiento familiar para recuperar la movilidad y la autonomía.
Asimismo, destacan que el impacto emocional suele ser tan profundo como las lesiones físicas, especialmente en niños y adolescentes que deben enfrentar cambios permanentes en plena etapa de crecimiento.
Frente a esta realidad, organizaciones civiles, fundaciones y deportistas venezolanos comenzaron a impulsar iniciativas para facilitar el acceso gratuito a prótesis y brindar apoyo psicológico a los sobrevivientes.
Entre ellas destaca la campaña liderada por el atleta y conferencista Juan Pablo Dos Santos, quien perdió ambas piernas en un accidente de tránsito y ahora promueve una red internacional para recaudar componentes protésicos y acompañar a quienes inician este difícil proceso.
«La meta es que ninguna persona que haya sobrevivido a los terremotos deje de caminar nuevamente por falta de recursos», ha reiterado el deportista, convencido de que la rehabilitación también depende de la solidaridad y del acompañamiento durante el largo camino hacia una nueva vida.
Vía// Versión Final

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