Padres migrantes de todas partes de América Latina viven el miedo paralizante de enfrentar una deportación que los separe de sus hijos, en la mayoría de los casos, menores de edad nacidos en territorio estadounidense.
En un artículo publicado por El País de España, citan la historia de América Pérez Ramírez perteneciente a los millones de mexicanos indocumentados que viven en Estados Unidos. Por carecer de documentación, hace años que pesa sobre ella una orden de deportación, que no se ha hecho efectiva porque hasta enero la prioridad era expulsar a quienes tuvieran un historial delictivo.
El mes pasado, tras una de sus comparecencias periódicas ante las autoridades de inmigración, se le avisó de que su deportación es inmediata. En su caso, no está en juego solo su expulsión, sino la vida de su hija enferma de 11 años, que es ciudadana estadounidense y que, para permanecer junto a su madre, única persona que la cuida, también sería deportada. Es una de los casi cinco millones de niños estadounidenses que vive con el miedo a una deportación en su casa.
Yoselin Mejía Pérez padece una rara enfermedad genética, conocida en español como la enfermedad de la orina con olor a jarabe de arce (MSUD, por sus siglas en inglés), que implica que el cuerpo no puede procesar ciertos aminoácidos, lo que provoca una acumulación dañina de sustancias en la sangre y la orina.
Según la Organización Nacional de Enfermedades Raras (NORD, en inglés), “si no se trata, el daño cerebral progresivo es inevitable, y la muerte ocurre generalmente en semanas o meses”.
Sus médicos tratantes en Florida, donde residen, afirman que, si la envían a México, hay muchas posibilidades de que no sobreviva, porque en el país vecino es más difícil acceder al tratamiento, que ya es complicado de conseguir en Estados Unidos.
Por ser ciudadana, podría quedarse, pero no tendría quien la cuide, como han confirmado a EL PAÍS fuentes del bufete Bennett, que lleva su caso. Su madre es quien controla su estricta dieta, realiza las fórmulas que los médicos le prescriben y la acompaña a sus continuos exámenes de sangre.
Para Pérez Ramírez la separación es imposible, por lo que, si es deportada, su hija lo será con ella. Desde hace años, sus abogados han conseguido que la enfermedad de la hija posponga su expulsión, pero ahora el plazo que les han dado es solo el del tiempo hasta que Yoselin obtenga su pasaporte y pueda salir del país.
La implacable campaña de deportaciones de la Administración de Donald Trump, que ha demostrado que su propósito de priorizar la expulsión de delincuentes no es real, está afectando directa e indirectamente a la parte más vulnerable de la población: los niños, que sufren la ofensiva contra la inmigración desde varios frentes.
Los que son indocumentados engrosan la lista de personas deportables, aunque lleven años viviendo en Estados Unidos y no conozcan otro país. Los que son ciudadanos estadounidenses pero tienen uno o los dos padres indocumentados están expuestos a la separación familiar si sus progenitores son deportados.
Según un estudio realizado por Brookings y Center for Migration Studies, hay 5,62 millones de niños estadounidenses que viven con un miembro del hogar que es indocumentado, lo que representa aproximadamente el 8 % de los 70,28 millones de niños ciudadanos.
Son los que se consideran “en riesgo” por la campaña emprendida por el Gobierno para lograr la mayor deportación de la historia del país. De estos niños, 4,71 millones (6,7% de todos los niños ciudadanos) tienen al menos un padre indocumentado en el hogar y 2,66 millones viven en hogares donde todos los miembros son indocumentados, ya sea porque lo son los dos padres o porque es un hogar monoparental y ese padre es indocumentado.
Según el informe, “los efectos psicológicos de la separación de los padres en los niños son graves y varían desde un aumento inmediato de los niveles de estrés hasta problemas de desarrollo a largo plazo que podrían afectar la salud y las habilidades cognitivas y conductuales”.
Alrededor del 60 % de los miembros indocumentados de los hogares en riesgo han vivido en Estados Unidos más de diez años y la mayoría de los niños de estos hogares son menores de 15 años.
Vía// Versión Final
Periodista monaguense

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